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“¿QUÉ NOS HACE VACILAR?”

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EVANGELIO DE HOY: 29/4/23 (Jn 6,60-69).

Hoy celebramos a Santa Catalina de Siena (1347-1380), doctora de la Iglesia; una doctora que nunca fue a la escuela y que carecía de letras; pero con suficiente inspiración divina para desvelar misterios profundos de nuestra fe y amar a nuestro Señor con una pasión sobrenatural. Su pensamiento fue dictado a algunos de sus discípulos llamados “encatalinados”. Dictaba, incluso, hasta tres contenidos diferentes a distintos escribas en el mismo momento. Esto es sabiduría infusa.
 
 El amor que tuvo por Cristo lo expresó directamente en la Iglesia, en el compromiso por su unidad. Enraizada en una fe cristocéntrica, el valor espiritual de esta mujer sirvió de ejemplo para que muchas autoridades eclesiales, incluyendo el mismo papa, se dejasen aconsejar por ella, defensora de los intereses del Señor.   
 
Una hermosa sinfonía de mística, asceta, carismática y misionera, distinguía a Catalina. Del fuego de su amor brotó la profecía. Sin faltar el respeto cuestionó profundamente los pecados que, a causa de la tibieza cristiana, lastimaban la madre Iglesia. Pero sus correcciones eran acogidas, en gran medida, porque lo hacía desde el celo y el amor, y no desde la desobediencia. De hecho, su afán era que todos obedezcan la voz de Cristo.
 
El evangelio nos recuerda el testimonio de Catalina, porque era una mujer radical en el seguimiento. La Palabra de Jesús se volvió no sólo consuelo para sus seguidores; en situaciones concretas también fue un látigo. Nunca le interesó tener discípulos tibios ni vacilantes. La vida y la propuesta de Jesús para muchos, si en un primer momento se tornó atrayente y apasionante, luego de unos kilómetros con exigencias, la tacharon de amarga. Por eso la reacción: “Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?”.
 
No hacemos caso a Jesús cuando nos dejamos gobernar por la carne y no por el Espíritu. Desde la “carne” cualquier cosa nos hace vacilar. Pero desde el Espíritu, quien da la vida, uno puede afirmar sin miedo, como Pedro: “Señor, a quién iremos. Tú tienes palabras de vida eterna”. Pedro no le dijo, tú tienes fama, poder, sino “vida eterna”.  
 
Señor: gracias por darnos santos y santas como Catalina de Siena. Nos inspiran.  Meditamos tres de sus frases:

  1. “Si permaneciereis en la santa fe, jamás la tristeza ocupará vuestro corazón. Pues la tristeza no procede sino de la fe que ponemos en las criaturas; y las criaturas son cosa muerta y caduca que viene a menos; nuestro corazón, empero, no puede reposar sino en algo estable y firme.” 
  2. “Grandemente infeliz es aquel que pudiendo tener fuego se deje morir de frío, y que teniendo comida ante sí se deje morir de hambre.”
  3. “No hay lengua que pueda describir la alegría del que aprende a sufrir todo por Cristo y aprende a hacerlo sin perder el ánimo y aun dando gracias a Dios por la dificultad, por la prueba, por la Cruz que nos une a Cristo”.