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“QUE NO TIEMBLE SU CORAZÓN”:LOS FUNDAMENTOS QUE JESÚS OFRECE.

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EVANGELIO DE HOY: 5/5/23 (Jn 14,1-6).

A lo largo del pasaje, Jesús ofrece a sus discípulos, y también a nosotros, varios fundamentos para que el corazón “no tiemble”, “no vacile”… Meditemos y encontraremos luces que nos ayuden a consolidar nuestra fe:
 
El primer elemento para afianzar el corazón, el interior, lo esencial de la persona, es la fe: “creer en Dios”, “creer en Jesús”, “dejarse conducir por el Espíritu”. Para la consistencia que Jesús nos exige es preciso aceptar lo que Él nos revela. No importa si no lo comprendemos del todo, pero lo necesario es acogerlo y confiar en sus palabras integralmente; lo que exige de nosotros una actitud de humilde abandono.
 
“En la casa de mi Padre hay muchas moradas”. Mientras peregrinamos por este mundo no es necesario “buscar alquileres extraños”, “andar sin rumbo”. El Señor nos señala el punto de partida y el punto de llegada, la casa del Padre. La casa y el corazón del Padre son la misma cosa, y está disponible desde siempre. Esto recuerda las “moradas” de Santa Teresa de Jesús. No todas las moradas o los estados de relación con Dios ofrecen la misma intimidad; hay una, la del centro, donde se vive la máxima unión con Dios. Y lo más importante, que no está cerrada, sino abierta. Dios no bloquea el acceso a su presencia.
 
Jesús nos prepara para poder habitar por siempre en la casa del Padre, en la dignidad de hijos, hijas, hermanos. Vivir permanentemente en el corazón de Dios exige un proceso de conversión y madurez que el Señor asume. Él también prepara el lugar en la casa misma. Un profundo misterio se manifiesta a la hora de ubicar a cada uno de los suyos en el lugar correspondiente. Que no nos preocupe el sitio que nos toca, sino el corresponder al amor con el cual se nos acoge.  
 
Como Tomás, pudiéramos preguntarnos cómo llegar a ese lugar señalado por Jesús. El Señor le responde y nos dice a nosotros también: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida”. La imagen del camino comienza inaugurando la identidad de Jesús. La peregrinación hacia la presencia del Padre es un proceso. Él es la verdad más profunda. Y es la vida más plena. En Jesús tenemos todo para no perdernos y participar con Él de la comunión trinitaria.
 
Señor: queremos seguir tu camino, porque no hay otro. Un camino que comienza desde aquí y que nos lleva más allá de nuestros sentidos. El evangelio nos dice la ruta cotidiana a seguir. Eres un camino lleno de señales para no extraviar. Tu ruta está clara. Cuando nos afianzamos en tu verdad el corazón se ancla en la confianza. No tiembla. Tú eres la personificación de la verdad. Nada hay más consistente. La vida es el tesoro más sagrado, lo más valioso. Eres fuente de vida, manantial disponible para todos.
 
1. ¿Qué cosa, en este momento de mi vida, perturba mi corazón? 
2. ¿Cómo hago vida las palabras de Jesús: “Crean en Dios”, “crean en mí”? 
3. ¿Me estoy haciendo camino, con Jesús, para que otros encuentren el corazón del Padre?