Mar. May 21st, 2024

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SER “PIEDRAS VIVAS” EN EL “TEMPLO VIVO”.

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LECTURAS DE HOY: 7/5/23 (Hch 6,1-7; Sal 32; 1P 2,4-9; Jn 14,1-12).

En este V Domingo de Pascua, el conjunto de las lecturas nos recuerdan los fundamentos de nuestra fe en el Señor Resucitado. En los Hechos se afirma que, en los primeros años del cristianismo, iba creciendo el número de los discípulos. Muchas veces estamos interesados en crecer así también. Nos llama la atención el número y, siendo honestos, hemos de estar enfocados no en el volumen numérico, sino en el fermento que hace germinar, crecer y dar frutos.
 
Los apóstoles nos dan la clave para que cada una de nuestras actuales comunidades sigan firmes y robustas: “No descuidar la oración”, “no descuidar la Palabra”, “no descuidar la caridad con los más necesitados”. En esas firmes columnas se encuentra a Cristo, definido por Pedro como “piedra viva, escogida y preciosa ante Dios”. En este contexto pascual podemos vivir la gracia de entrar en la construcción del templo del Espíritu.  
 
La imagen de ser “piedras vivas”, sostenidos en la “piedra angular” es coherente con la enseñanza de Jesús cuando nos dice: “Que no tiemble su corazón”. Ser “piedra” va de la mano con “estar firme”, “estar estable” en la fe. Pero al mismo tiempo, una “piedra”, sin la vida del Espíritu se convierte en dureza y peligro; de ahí el complemento: “piedras vivas”. Cada uno de nosotros hemos de preguntarnos cómo está la piedra propia: ¿está ocupando el lugar cierto?, ¿está sostenida en la angular?, ¿está palpitando de vida?, ¿cómo está mi piedra, mi vida en el Señor?
 
Por preguntas esenciales, como la que hizo Tomás: “¿Cómo saber el camino?” y deseos sinceros, como los de Felipe : “Muéstranos al Padre”, Jesús se hace, para nuestro bien, no sólo “piedra viva angular”, sino “camino vivo”, “verdad viva”, “vida plena”. No nos deja perdidos, con dudas, desorientados. Se abaja como sendero para que pasemos en Él, hecho puente de amor, que lleva directamente al corazón del Padre. Nos exige para esto, creer y aceptar lo que nos revela.
 
Rezamos con las palabras del salmo cuando dice: “Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti”.

1. ¿He entrado en la construcción del edificio santo? 
2. ¿De qué manera desechamos “la piedra preciosa” hoy? 
3. Si Cristo es mi piedra angular, ¿cómo esto se refleja en mi vida y en mi comunidad?