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LA FUERZA DE LA ALEGRÍA

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EVANGELIO DE HOY: 11/5/23 (Jn 15,9-11).

El evangelio es la clave para vivir la alegría plena. Ésta no se basa en el mucho alboroto, en el ruido, en las fiestas libertinas, en la ausencia de sacrificio… Tampoco se trata de risas superficiales que dejan el corazón vacío. Jesús nos está introduciendo en el camino de perfección, que ofrece la verdadera alegría. Y este camino comienza con la experiencia de amor: “Como el Padre me ha amado, así les he amado yo”.
 
Una persona pudiera gastar, tristemente, su vida lamentándose porque no contó, por ejemplo, con un padre o una madre que lo amase. O porque ha tenido frustraciones amorosas. El peso estéril, asumido por dentro, diseña el rostro de tristeza por fuera. Jesús nos dice, hoy, nuevamente, que tiene un río de amor desbordado hacia cada corazón. Un río de amor cuya naciente es el Padre.
 
Nos recuerda el papa Francisco: “Comprendo a las personas que tienden a la tristeza por las graves dificultades que tienen que sufrir, pero poco a poco hay que permitir que la alegría de la fe comience a despertarse, como una secreta pero firme confianza, aun en medio de las peores angustias” (Cf. EG).
 
Acoger a Jesús en el corazón, y dejarse amar por Él, es el comienzo para alcanzar la alegría plena. Luego, nos dice: “permanezcan en mi amor”. No se trata de experiencia de horas “en un retiro”, o de un tiempo frente a “Jesús Sacramentado”… se trata de “permanecer” siempre y en todo momento, guardando, conservando, custodiando su voluntad en nuestras vidas.
 
El interés de Jesús es que su alegría esté en nosotros. Él hace nuestra alegría fuerte, consistente, porque nos alegramos con su propia alegría. Mientras más unidos a Él más perfecta ésta será; sin que la lleguen a alcanzar los embates externos. Quien la vive, tiene experiencia de burlas y calumnias… resbalando sin lastimar.
 
Cito las sabias palabras de Santa Teresa de Calcuta: “La alegría es una necesidad y una fuerza para nosotros, también psíquicamente. Una hermana que cultiva el espíritu de alegría siente menos la fatiga y está cada día dispuesta a hacer el bien. Una hermana rebosante de alegría predica sin predicar. Una hermana alegre es como el rayo de sol del amor de Dios, la esperanza de la alegría eterna, la llama de un amor ardiente”.
 
Señor, que permanezca en ti, y viva tu santa alegría
 
1. ¿Qué situación pretende robar mi alegría? 
2. ¿Cómo custodio la alegría de las tentadoras tristezas baratas? 
3. ¿Voy sembrando la alegría del evangelio en los demás? 
4. ¿Cuáles alimentos espirituales me ayudan a permanecer en el amor de Jesús?