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GUIADOS HACIA LA VERDAD PLENA

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LECTURAS DE HOY: 17/5/23 (Hch 17,15.22_18,1; Sal 148; Jn 16,12-15).

El Catecismo nos recuerda que Jesús, cuando anuncia y promete la Venida del Espíritu Santo, le llama el «Paráclito», literalmente «aquel que es llamado junto a uno», advocatus. «Paráclito» se traduce habitualmente por «Consolador», siendo Jesús el primer consolador (cf. 1 Jn 2, 1). El mismo Señor llama al Espíritu Santo “Espíritu de Verdad” (Cf. 692); esto se constata en el evangelio de hoy.
 
Jesús nos sigue presentando la identidad de la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. Cuando Él dice a los discípulos que aún le quedan cosas por decirles, pero que no pueden cargar con éstas ahora… alude a la no preparación de la comunidad, ante la ausencia del Maestro Interior que capacita para asimilar las realidades sagradas.
 
Los discípulos están introducidos en la Verdad, que es Jesús mismo; pero todavía les falta alcanzar dicha verdad en plenitud. Se trata de un camino que necesita de un guía y orientador. Sólo quien conoce el camino puede conducir a los demás. El Espíritu viene con una tarea asumida; viene con decisión, sutileza y firmeza. Pero también sabe respetar, porque no empuja a nadie para que camine a la fuerza.
 
Una de las tareas propias del Espíritu en el interior de la persona es “purificar”. Por eso, es presentado como fuego ardiente. Sin purificación las cosas no se ven ni se entienden. En la oscuridad no se puede conducir. La gente no asimila la dirección que le dicen. Pero cuando uno se dispone y pide con humildad al Espíritu ser purificado, es un comienzo genuino para empezar a ver y a comprender. La purificación y el conocimiento de la verdad van de la mano.
 
El Espíritu Santo no habla de sí mismo. ¿Cuántas cosas pudiéramos aprender de esta actitud? Él habla de lo íntimo del Padre y del Hijo para que, como Pueblo de Dios, seamos capaces de asimilar el verdadero sentido del evangelio y de las enseñanzas de Jesús. Sin Espíritu leemos las informaciones. Con Espíritu acogemos la Revelación.
 
Señor: no queremos que la Persona del Espíritu se ponga triste con nuestras resistencias a dejarnos conducir. Le queremos despertar una sonrisa. Que venga alegre porque alegre le estamos esperando. Ojalá que seamos sus mejores colaboradores para vivir en la verdad, hablarla y promoverla. Purifica, Santo Espíritu nuestra mente y nuestro corazón.
 
1.  ¿Me dejo conducir por el Espíritu de la Verdad? 
2.  ¿Cómo desenmascarar el espíritu de la mentira? 
3. ¿Siento la necesidad de purificación o me siento bien así como voy? 
4. ¿Cómo está en mi interior la luz del conocimiento verdadero? 
5.  ¿Ayudo a los demás a encaminarse a la verdad?