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SOSTENIDOS POR EL ESPÍRITU

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LECTURAS DE HOY: 23/5/23 (Hch 20,17-27; Sal 67; Jn 17,1-11a).

Causa un impacto la primera lectura, donde Pablo expresa que ha servido al Señor con profunda humildad. Una humildad que no ha restado a la radicalidad con la que ha asumido la misión. No ha economizado ni ahorrado su vida. Una vida que asegura no le interesa. Estamos hablando del alma del apóstol que ha hecho de su existencia una ofrenda generosa por el Reino.
 
Pablo se describe “forzado por el Espíritu”. Buscando la palabra griega, para entenderlo mejor (ésta es: déo), él expresa: he sido “atado”, “encadenado”, “preso”, “sujetado”; quiere decirnos que es un hombre que ha donado toda su libertad a la necesidad del Espíritu. Su voluntad propia no le condiciona para obedecer. Porque su voluntad es ser gobernado por el Espíritu.
 
El apóstol busca completar su carrera, cumplir su encargo. Y esto es materia de reflexión profunda para cada uno de nosotros. ¿Cuál es la carrera que me quita el sueño?; ¿de qué progreso estoy hablando, buscando, conquistando? ¿Sé el encargo con el cual he venido a este mundo? ¿Qué porcentaje de mí estoy involucrando en la misión que me ha sido confiada? “No sé lo que me espera”, dijo. Qué le importa a Pablo lo que le espera, si tiene asegurado el soporte del Espíritu.
 
Jesús, de una manera más perfecta, nos adelanta esa audiencia final con el Padre. El Señor nos da ejemplo de cómo hemos de ir ante el Padre a rendir cuenta de nuestros encargos. Dice al Padre que ha coronado la obra que le encomendó. Ha cumplido todo: ha manifestado su Nombre, han aprendido a guardar su Palabra, han creído… tienen sentido de pertenencia… Estas declaraciones nos hacen espabilar ante nuestras responsabilidades asumidas por el Bautismo.
 
Recuerdo un profesor que nos hizo repetir 100 veces seguidas: “Yo conozco gente del montón, que siempre serán del montón, porque nunca terminan lo que empiezan”. Señor: nosotros estamos aquí. Queremos terminar la carrera, concluir el encargo del Espíritu. Ayúdanos a darte prioridad y centralidad en nuestras vidas. Tú eres lo más importante. Tú, Señor, que te conozcan a ti. Que no nos importe lo que nos espera, sino que se cumpla en nosotros tu voluntad.
 
1. ¿Anuncio el Evangelio entero o por pedacitos? 
2. ¿Soy insistente con la conversión personal y comunitaria? 
3. ¿Cómo “mi tierra” se nutre de la “lluvia copiosa” de gracia, cada día? 
4. ¿Me he sentido atado por el Espíritu, reservado para una misión? 
5. ¿Por qué al testigo de Cristo, el Espíritu lo sostiene? ¿Estoy siendo sostenido por el Espíritu?