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UNIDOS POR EL MISMO AMOR

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EVANGELIO DE HOY: 25/5/23 (Jn 17,20-26).

Hemos estado meditando Juan 17, la cual concentra la oración que Jesús dirige al Padre por sus discípulos, en los momentos finales de su vida histórica. La súplica de Jesús por los suyos, y por los que se integrarán, gira en torno a la unidad: “Que todos sean uno… para que el mundo crea”. Lo que propone Jesús tiene su fundamento e inspiración: procura la unidad de los discípulos haciendo referencia al inseparable vínculo entre Él y el Padre; teniendo en cuenta que este misterio de configuración acontece por la viva presencia del Espíritu Santo.
 
La unidad que habla Jesús no es pesada, tampoco obligatoria; es sólida y dulce, porque la sostiene el amor. Quien ama no encuentra tedioso compartir el camino, la vida, la misión. Desde esta raíz se asimilan las diferencias, las particularidades; la unidad no es uniformidad, es convicción en lo esencial, allí donde convergen “un solo corazón”, “una sola alma”; “un pensamiento inspirador”, “una persona que indica los criterios: Cristo”…
 
Jesús desea entrar al corazón de cada discípulo, con el Padre, con el Espíritu. Él ensancha la unidad, porque es lo único que dará crédito a la verdad: “Míralos cómo se aman”; es el mayor testimonio para que el Reino sea visible y crezca.
 
La súplica por la unidad se concretiza en nuestras comunidades religiosas, en los matrimonios, en las familias, en la vida eclesial y pastoral… Lo contrario, la división, es señal de que el mal espíritu invade los espacios. Cuando más espiritual es la persona más cuida la unidad comunitaria. No prende fuego divisorio, sino que construye integración y complementariedad. Y lo hace con todo su ser, sus pensamientos, sus palabras, sus actitudes y sus acciones.
 
Cuando alguien se deja conducir por el Espíritu Santo fomenta la unidad en la diversidad. En una comunidad parroquial, una persona de sana espiritualidad valora y convive con todos los movimientos y carismas, porque estos son reflejos del Espíritu, y cuanto más diversos más necesarios, más de Dios, más del Reino. La totalidad de Cristo no la ejercita un solo movimiento.
 
Señor: si tú abogas por nosotros ante el Padre por la unidad, no queremos estropear tu deseo. Colaboraremos contigo. Oraremos por la unidad de todos los cristianos y fomentaremos la comunión interna, en todos los ámbitos donde nos manejamos. Líbranos, Señor, de estar divididos por dentro. Que la unidad sea la casa donde recibamos el fuego del Espíritu Santo, para que Él la consolide, la bendiga, y la haga fecunda por tu Reino.
 

  1. ¿Alguna vez has tenido actitudes que dividen la comunidad? ¿Cómo son estas actitudes?
  2. ¿Cómo identificar el amor de Jesús, nutriendo mi amor, para amar a los demás?
  3. ¿Por qué el camino hacia el enamoramiento de Cristo es garantía de unidad cristiana?
  4. ¿Cuáles cosas concretas podría asumir para fomentar la unidad en mi familia, en mi comunidad cristiana?