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RASGOS DEL SACERDOCIO DE JESUCRISTO

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LECTURAS DE HOY: 1/6/23
(Is 52,13_53,12; Sal 39; Hb 10,12-23; Lc 22,14-20).

Este jueves, posterior a la fiesta de Pentecostés, celebramos a «Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote». Aunque Jesús nunca se llamó a sí mismo “sacerdote”, sí ejerció dichas funciones; fundamento para que la Carta a los Hebreos, le reconozca con el título. Meditemos:

SACERDOTE: 

si en Antiguo Testamento el sacerdote era figura mediadora entre Dios y el Pueblo, a partir de la Alianza; Jesús inauguró una nueva realidad sacerdotal. Superó la limitación de los pecados sacerdotales. Ahora es un sacerdote sin pecado y aún más, que no se separó de los pecadores; no necesitó distanciarse para mantenerse sin mancha. Con acceso directo al Padre; se convirtió en el único puente para unirnos a Él.

SIERVO:

 Isaías prefigura la imagen de Jesús como siervo fiel y obediente, a pesar del sufrimiento, el desprecio y los dolores. A lo largo del pasaje, se visualizan otras dimensiones que integran el mismo sacerdocio de Cristo.

PASTOR:

“siervo” y “pastor” describen también la persona de Jesús como sacerdote. Justamente, su autoridad como pastor se forja mediante su servicio y su entrega por las ovejas. “Todos errábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino; y el Señor cargó sobre Él todos nuestros crímenes”.

REY: 

la vida de Cristo, hizo que “todos los reyes, ante Él cerrarán la boca”. Cristo reunió las condiciones de sacerdote y rey. Un rey sin aspecto atrayente, despreciado y desestimado.

VÍCTIMA: 

en el Antiguo Testamento, el sacerdote ofrecía algún animal para el sacrificio a fin de purificar al pueblo. Pero Cristo, no ofreció un animal; sino su propio Cuerpo, su propia Sangre. Pablo recuerda: “Ofreció por nuestros pecados, para siempre jamás, un solo sacrificio”. Inaugura la Nueva Alianza. “Con una sola ofrenda ha perfeccionado a los consagrados”.

ALTAR: 

Si el altar es el lugar sagrado donde se ofrecen a Dios los sacrificios que le son agradables; ¡qué mejor lugar que el Cuerpo de Cristo!, donde se ofreció su vida. Y se ofrece siempre, sin agotarse ni consumirse, en cada Sagrada Eucaristía.

TEMPLO: 

En Cristo, tenemos “una entrada libre al santuario”. Él es el Nuevo Templo vivo, resucitado. “Al cual hemos de acercarnos con sinceridad y llenos de fe, con el corazón purificado de mala conciencia y con el cuerpo lavado en agua pura”.

Señor:

te damos gracias por nuestros sacerdotes. Envía muchos y santos sacerdotes que se unan a ti. Que vivamos, cada bautizado, el sacerdocio común, en ti, formando un solo Cuerpo. Con el salmista te decimos: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”.