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CONFIANZA PLENA EN EL DIOS DE VIVOS.

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LECTURAS DE HOY: 7/6/23 (Tb 3,1-11ª.16-17ª; Sal 24; Mc 12,18-27).

Las lecturas de este día aparentan una paradoja: por un lado, Jesús nos habla de Dios, como el Dios de vivos; mientras que Tobías y Sara, en la primera lectura, profundamente afligidos, desean la muerte. Pero una mirada más atenta, nos hace meditar en el caso de Tobías y Sara, en la confianza y actitud de abandono que ambos tienen. Se dirigen al Señor mediante una profunda oración, que nace de los dolores y las humillaciones sufridas.
 
En medio de un contexto de agresiones y malas interpretaciones sobre sus vidas, Tobías y Sara buscan refugio en Dios. No encuentran sentido a la existencia, a no ser uniéndose definitivamente al Señor. Un detalle importante no llegaron a quitarse la vida, sino a expresar sus sentimientos. En este sentido, el Salmo 24 nos ayuda a comprender mejor la actitud interior de estos personajes.
 
Reza el salmista: “A ti, Señor, levanto mi alma”. No hay cosa más saludable que levantar el alma hacia Dios. Mostrarla con toda su verdad. La oración no se corrige, se expresa. La oración profunda no coloca maquillaje. En la verdad del corazón llega el consuelo de Dios. Es el Dios de vivos, al que se recurre siempre, especialmente en situaciones de muerte. No hay otra referencia. No hay otro horizonte. Él es la bondad suprema, capaz de compadecerse. Cuando circulan los contrarios, hace bien tocar la puerta del buen amigo. Dios es el amigo fiel.
 
Dios no juzga. Él escucha. Su santa misericordia comprende los embates de sus fieles. El orante asegura, en este sentido, que los que esperan en el Señor no quedan defraudados. Aunque uno pida cosas movidas por la humanidad y la desesperación, el Señor sabe cómo acogerla e interpretarla. No falta la súplica, en el creyente, que humildemente diga, en medio del aprieto: “Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas”.
 
La ternura y la misericordia del Dios vivo son eternas. Por esto, en esta vida, todavía no somos capaces de entenderla a su plenitud. El evangelio nos enseña que la vida futura está destinada para intimar profundamente con Dios, para compartir la vida de los ángeles. Los parámetros de estas circunstancias actuales no encajan con la propuesta de vida que el Dios de la vida tiene para nosotros. A la luz de Cristo resucitado, ya se nos abren los caminos para empezar a gozar y a vivir la dicha de la unión con Dios. Se nos invita a cultivar la dimensión trascendente desde ahora. Porque el Dios de los vivos es el Señor del cielo y de la tierra.
 
Señor, que cuando las aguas nos lleguen hasta el cuello, nos refugiemos en ti, y en ti encontremos consuelo. Manda tu luz e ilumina las tinieblas de nuestras mentes para que encontremos sentido existencial en todas las situaciones que atravesamos. Que tu vida nos sostenga y nos aumente la fe, la esperanza y la caridad.
 
1. ¿Cómo me manejo en situaciones de angustia? ¿Dónde encuentro refugio? 
2. ¿Cómo contemplas la vida en realidades que hablan de muerte? 
3. ¿Mi oración personal escarba la vida? ¿Busco y encuentro sentido a la vida? 
4. ¿Camino en esta vida sabiendo que es transitoria? ¿En qué sentido somos “turistas” en esta existencia? 
5. ¿Me ocupo de las cosas trascendentes? ¿Ayudo a que los demás tengan visión de vida eterna? ¿Cómo voy adquiriendo, en gracia, el pase definitivo al corazón de Dios?