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CUANDO LA GRACIA NO CAE EN SACO ROTO

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LECTURAS DE HOY: 19/6/23 (2Cor 6,1-10; Sal 97; Mt 5,38-42).

La exhortación de Pablo a los cristianos de Corintios se hace vigente para nosotros también: “no echar en saco roto la gracia de Dios”. Pero ¿qué es la gracia? El Catecismo nos lo dice: “Es el don, libremente dado e inmerecido por nosotros, que Dios nos concede para que respondamos a nuestra vocación de convertirnos en hijos suyos. Nos introduce en la intimidad de la vida trinitaria. Por el Bautismo participamos de la gracia de Cristo… La gracia es ayuda de Dios para ajustar nuestras vidas a su voluntad” (Cf. 1996, 2000, 654). En palabras más cotidianas, la gracia es el amor de Dios, que se nos da a chorros. Es su inversión en nosotros para que seamos santos, como Él es santo.
 
San Pablo nos da ejemplo de cómo el “saco”, “nuestro interior”, ha de estar bien cosido para que la gracia de Dios no se desperdicie, y permanecer en ésta. Cuando el “saco” no está roto, el creyente puede dar prueba de ser ministro de Dios. Se convierte, en este sentido, en buen administrador de la gracia recibida. Por gracia, pudiera pasar, como dice el apóstol, por moribundo, pero estar bien vivo; por afligido, pero con un fondo alegre; por pobretón que enriquece a mucho; por un necesitado que todo lo posee…  
 
La gracia, aprovechada, es lo que permite al creyente “vivir al revés”, desde “la mente de Cristo”; como dice el evangelio: no haciendo frente al que nos agravia, poniendo la otra mejilla, dando más de lo que nos quitan, yendo más lejos de lo solicitado, sin escondernos de quienes nos procuran…
 
¿Cómo vivir en gracia? Renunciando a vivir para uno mismo, y optando por vivir para Dios y su plan de salvación, con todas las mediaciones que la Iglesia nos ofrece. Es necesario saber escoger lo bueno, darle valor al regalo del Señor. Hay que coser todos los agujeros del “saco”, por los cuales la gracia pudiera escurrirse; y, al mismo tiempo, “taparle la boca”, cuando amenazan con entrar cosas extrañas. La vida comprometida en comunidad cristiana es fundamental para conversar la gracia. Esta convivencia es reflejo de la comunión trinitaria. 

Señor: deseamos aprovechar tu gracia. No queremos que te reserves porque no sepamos valorar tu don. Sigue invirtiendo en nosotros, por tu inmensa misericordia. Que podamos, Señor, en tu gracia, corresponderte.
 
1.  ¿Cómo percibo y vivo la gracia de Dios día a día? 
2.  ¿Cómo estoy alimentando la gracia? 
3.  ¿Cómo la gracia me sustenta? 
4.  ¿Dios estará satisfecho de cómo administro la gracia que me da? 
5. ¿A quiénes favorecen las gracias especiales que recibido de Dios?