Mar. May 21st, 2024

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¿QUÉ VA A SER ESTE NIÑO?

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LECTURAS DE HOY: 24/6/23 (Is 49,1-6; Sal 238; Hch 13,22-26; Lc 1,57-66.80).

Hoy, la Iglesia celebra el nacimiento de Juan Bautista, su cumpleaños. La pregunta que se hacen sobre él la gente: “¿Qué va a ser este niño?”, se convierte para nosotros en pauta de meditación. Es cuestión fundamental, que expresa el santo temor de Dios, la inspiración o el sueño de Él para cada persona, que han de custodiar los adultos.
 
En cada niño o niña tenemos un proyecto del Señor, un proyecto santo. De la misma manera en que Zacarías e Isabel fueron instruidos para acompañar a Juan en este misterio, así los padres de hoy han de estarlo para que el hijo o hija crezca conforme al querer de Dios. Si hemos llegado a adultos sin la dicha de saberlo, pues mientras vivimos estamos a tiempo de descubrirlo.
 
Isaías, adulto, identifica sus inicios proféticos desde el vientre de su madre, donde recibió la llamada. Impresiona la paciencia de Dios. No tiene prisa. Espera que se forme poco a poco la persona; de hecho, todavía más, como bien dice el Salmo, “Tú has creado mis entrañas, me has tejido en el seno materno”… mientras el Señor formaba, estaba soñando a su siervo. Esas huellas de Dios nos acompañan siempre. Por eso, como nadie, Él nos sondea y nos conoce; somos su pertenencia.
 
Juan fue soñado, como nosotros, antes de ser concebido. Zacarías e Isabel fueron los elegidos; ya dos ancianos, y con antecedentes de esterilidad. Porque los caminos del Señor no son los nuestros. Evitemos enmudecer como el anciano sacerdote, y confiemos de una vez, porque el Señor, lo que quiere, lo hace. Los padres solo son débiles instrumentos; es duro cuando estos se atreven a interponerse al llamado que Dios hace. Porque, como a Juan, el Señor sigue llamando para preparar a un pueblo dispuesto a su mensaje.
 
Como adulto, usted podría caer en crisis, diciendo, como el siervo sufridor: “En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas”… Y es que no hemos nacido para cosechar, sencillamente, para sembrar a Dios en los corazones. Es Dios, nos dice Isaías, que guarda nuestro salario. Por esto Juan, “boca de Fuego” (predicador) y “dedo indicador” (hacia el Mesías), no busca nada para sí. No se sentía digno de desatar las sandalias de los pies del Señor. El sueño de Dios para cada uno brota desde la raíz de la humildad. Fuera de ahí no se descubre nada.
 
Señor: gracias, porque conoces hasta el fondo mi alma. Dime quién soy. No quiero que mi vida sea un error. Deseo danzar en tu música, en tu sueño, en tus planes conmigo. No quiero forzar tu voluntad, porque nunca sería feliz. Señor, que puedas mirarme y sentirte orgulloso porque, en la propia debilidad, me disponga a servirte. Gracias por haberme creado y elegido. ¡Qué admirable son tus obras!
 
1. ¿Soy la persona que Dios ha soñado? ¿He hecho los planes de mi vida sin tener esta verdad como lo más importante? 
2. ¿Usted ha escuchado decir: “me sentí llamado a…; pero mira dónde estoy?”. ¿Este es su caso? Pregúntale a tu párroco: ¿cómo recuperar la voluntad de Dios para mi vida? 
3. ¿La celebración de mi cumpleaños está marcada por la fe y la espiritualidad?
4. ¿Ayudo a los demás a descubrir la voluntad de Dios en sus vidas?