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«SAL DE TU TIERRA»

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LECTURAS DE HOY: 26/6/23 (Gn 12,1-9; Sal 32; Mt 7,1-15).

La invitación de Dios a Abrán, nos llega también a nosotros. El Señor no titubea en proponer firmemente: “Sal de tu tierra”, “de la casa de tu padre”. En otras palabras le dice: “sal de tu pequeño terreno, de tu pequeño espacio, deja tus límites…. Sal de tu diminuto mundo, y ábrete al horizonte que yo te mostraré”. La imagen del texto nos lleva a una amplia reflexión. Porque esa tierrita donde Abrán estaba enraizado, puede hacernos pensar en los apegos que nos paralizan y que no nos dejan avanzar.
 
No veamos la salida de Abrán, de Harán a la tierra prometida, como un acto exclusivamente geográfico, sino también en sentido espiritual. La tierra la llevamos dentro. Podría ser comparada a las costumbres, maneras, forma de ser y de pensar en las que estamos arraigados…. El Señor puede estarnos diciendo hoy, que salgamos de nuestras “huertas” para abrirnos a la inmensa “finca” que nos desea mostrar.
 
Quien muestra la nueva tierra es el Señor. Uno solo no puede verla. Él es quien la indica. Necesitamos su orientación. Al Señor le duele vernos encharcados cuando la tierra que mana leche y miel se desperdicia, no se aprovecha; esta tierra es la patria espiritual habitada de santidad y justicia. Se nos invita a levantar los pies y a migrar de la mediocridad a la santidad de vida. O sea, podemos partir, ser itinerantes, sin necesidad de salir del escenario geográfico. Porque también se trata de una migración interior.
 
El evangelio, en coherencia con esta clave de lectura, nos describe la tierra prometida: es la tierra donde ninguno de nosotros se atreve a juzgar; donde nadie se fija en la mota ajena, porque cada quien se ocupa en corregir sus propias faltas para servir mejor. En dicha tierra está ausente la hipocresía, porque se vive, en Jesús, desde la autenticidad.
 
Señor: hoy deseamos salir de nuestra pequeña parcela. Como Abrán, necesitamos partir con fe. Gracias porque, como dice el salmo, tú miras desde el cielo y te fijas en nosotros, te abajas con nosotros para hacernos subir. Tus ojos están enfocados en nuestros pasos. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros como lo esperamos de ti.
 

  1. ¿Cómo describo “la tierra” que habito, desde la cual el Señor me llama a salir?  
    2. ¿Mis ojos se han acostumbrado a “las cercas” o estoy disponible para conocer “la tierra” que el Señor me muestra? 
    3. ¿Qué es lo que más me cuesta dejar? ¿Cuáles cosas y qué personas se irían conmigo? 
    4. ¿Invito a otras personas a seguir la voz de Dios que nos llama?