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“NO TOQUES AL NIÑO”

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LECTURAS DE HOY: 6/7/23 (Gn 22,1-19; Sal 114; Mt 8,1-8).

La primera lectura nos narra el sacrificio de Isaac. Muchos puntos reflexivos pudieran considerarse: la fe, la obediencia, la providencia, el no reservarse nada para Dios… con todo, situando el texto en su contexto, donde existían sacrificios humanos, por la manera de comprender la religión, el relato corrige la tradición de la época, y nos sigue corrigiendo a nosotros en la actualidad, con el mandato divino: “no toques al niño”, manifestando que nuestro Dios ama y respeta la vida.
 
Con la expresión “no toques al niño”, encontramos un apelo a la conciencia personal. Dios deja claro a Abrahán cuál es su postura. Observemos que Isaac solo se pronunció cuando iban avanzados en el camino: “Tenemos fuego y leña, pero, ¿dónde está el cordero para el sacrificio?”. El padre le respondió: “Dios proveerá”. Y así resultó. Dios le proveyó, no solo un animal para el sacrificio, sino una nueva conciencia de quién es Él, y lo que espera de nosotros: que seamos custodios de la vida.
 
El niño Isaac guardó silencio absoluto en el momento culmen, mientras estaba siendo preparado para el sacrificio. Hoy, en otras circunstancias, también recordamos a otros niños y niñas que también silencian desde el vientre de sus madres, y la conciencia de sus padres… Pero estos casos son diferentes al de Abrahán, quien lo iba a hacer respondiendo a su imagen de Dios, queriendo agradarle en todo…
 
Son incalculables la cantidad de vidas inocentes que no presuponen ser sacrificadas por simple comodidad, por miedo al qué dirán, por cobardía… Mientras la inocencia hace silencio, el ángel del Señor hoy, sigue pronunciándose con autoridad: “No toques al niño”. Y si ya fue tocado, ese niño, desde donde descansa, necesita explicación. Una explicación minuciosa; acompañada con una actitud de apelo a la misericordia divina.
 
El evangelio nos da la clave para liberarnos de nuestros pecados, luego de un profundo arrepentimiento y una decisión firme de conversión… El Señor no quiere que estemos como paralíticos, por las ataduras de nuestros males. En Él encontramos la fuente del perdón y la misericordia. Ahí, con Él, escuchamos las palabras de vida: “Ánimo, tus pecados están personados… Levántate y anda…”.
 
Señor, con el salmista te digo: te amo, porque escuchas mi voz suplicante, porque inclinas tu oído hacia mí el día en que te invoco. Me envolvían redes de muerte; invoqué tu nombre… estando yo sin fuerzas me salvaste. Arrancaste mis pies de la caída. Desde ahora y para siempre, caminaré en tu presencia.
 
1. ¿He levantado la mano para maltratar a un niño o a una niña? 
2. ¿Por qué el ángel del Señor sale en defensa de los inocentes? ¿Cuáles son esos ángeles hoy? 
3. ¿He ido creciendo en conciencia, cambiando para bien mi imagen de Dios? 
4. ¿Qué significa caminar en presencia del Señor?