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REANIMAR EN TIEMPO DE HAMBRE

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LECTURAS DE HOY: 12/7/23 (Gn 41; 55-57; 42,5-7.17-24; Sal 32; Mt 10,1-7).

La primera lectura del Génesis nos habla de la historia de José. Lo presenta ya al frente de la administración de Egipto y en la época de hambruna general. Por la gracia de Dios, que asistió su juicio, José pudo conservar provisiones en época de abundancia, que abastecieron las necesidades tanto de ese país como de otros extranjeros, incluyendo el suyo, de origen, Canaán.
 
También hoy, muchas y variadas “hambres” amenazan nuestra sociedad, especialmente el hambre de Dios. Esta surge cuando no se aprovecha el alimento disponible, el ofrecido gratuitamente para sostenerse. La gente se va llenando de cosas, de planes, proyectos, aspiraciones y realidades que la dejan espiritualmente desnutrida. Cuando el hambre arrecia llega la tristeza, el sin sentido, la desorientación.
 
Las personas sabias, a ejemplo de José, abastecen los graneros espirituales… ese depósito interior, en el corazón, donde Dios reposa cada día mediante la oración, la vida sacramental y el compromiso cristiano, que hace madurar la fe, la esperanza, la caridad. Pero lo más importante, no se trata de que estos “graneros” estén reservados para sobrevivencia personal, sino para repartirlos a todos los necesitados, sin exclusión.
 
No hay que sentir vanidad porque los graneros de la fe estén abastecidos. Porque es el mismo Dios, en su misericordia, que proveyó las luces para llenarlos, y nunca es suficiente. Y los que quedaron vacíos en tiempo de hambre, tampoco deben acomplejarse de salir a mendigar provisiones. Porque en este caso, se trata de aprender de la experiencia. Y que en la próxima temporada no nos agarren desprevenidos. Hoy es tiempo de invertir en esos graneros del alma, porque los tiempos de hambre retornan.
 
Estando con Jesús, en intimidad con Él, los discípulos fueron capaces de saciar su hambre más profunda. En Él recibieron la fuerza, la autoridad necesaria para anunciar y hacer visible el Reino de los Cielos. Si uno no tiene alimento jesúanico no puede reanimar a los otros; esos que por desnutrición espiritual no pueden ver que el Reino está cerca, en medio de nosotros, aconteciendo.
 
Con el salmista rezamos: “Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros como lo esperamos de ti”. Gracias porque cada mañana nos reanimas con tu gracia y sacias nuestra hambre para servir en tu Reino.
 
1. ¿Y yo, tengo los graneros del corazón abastecidos de fe, esperanza y caridad? 
2. ¿En qué situación estoy: mendigando alimento o reanimando a otros con hambre? 
3. ¿Cuál es mi modo de abastecer los graneros del corazón?