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CONSCIENTE DEL PROPIO ORIGEN.

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LECTURAS DE HOY: 18/7/23 (Ex 2,1-15; Sal 68; Mt 11,20-24).

La primera lectura nos relata los orígenes de Moisés; por gracia de Dios, salvado por su madre y su hermana de las conspiraciones del faraón. Fue educado por una princesa egipcia en el palacio, y aquí meditamos un poco.
 
A una persona de pobre identidad, se le puede olvidar fácilmente de dónde lo sacaron, de dónde provino. Moisés pudo caer en la tentación de acomodarse en el palacio, de sentir vergüenza de su origen hebreo, y distanciarse de sus raíces. No por casualidad, la tradición bíblica lo ha destacado como un hombre humilde (Cf. Nm 12,3).
 
Las paredes del palacio, la vida privilegiada, no fueron excusas para que Moisés se desentendiera de lo que pasaba fuera de allí, con sus hermanos. La sangre le pesó más. En este sentido, no sólo fue “salvado de las aguas”, sino salvado de la ingratitud, de la superficialidad, del desenfoque.
 
Cuando Moisés creció fue donde estaban sus hermanos y tuvo un encuentro con la realidad de sus vidas. Ahí, entre ellos, se encontró con él mismo. Vio el rostro de la opresión, las cargas pesadas a la cual estaban sometidos. Intentemos comprender los sentimientos de este hombre. Porque en esta experiencia también se visualiza la semilla de su vocación. Los maltratos que testimoniaba le hicieron tomar postura.
 
Nos queda claro que, Moisés, desde el comienzo, no entendió la manera ni el proceder de Dios. Los hombres y las mujeres de la Biblia también se fueron formando. En este primer momento, él reaccionó violentamente cuando mató a un egipcio, ante la impotencia; y cuando separó a dos hebreos en discusión… ya iba mostrando su virtud como mediador e intercesor. Terminó huyendo y, lo que aparenta un final triste, realmente es el comienzo de una historia de pascua y liberación.
 
El evangelio nos hace meditar en cómo somos conscientes de los milagros que Jesús va operando cotidianamente en nuestra vida, en nuestra realidad. Nos hace un llamado de alerta, como lo tuvo Moisés, para abrir los ojos y encontrar la verdad de nosotros mismos y de nuestros hermanos. Que la inversión del Señor no pase de largo en nuestros sentidos.
 
Señor: que yo pueda salir de “los muros” que me impiden ver la realidad y comprometerme con ella.
 
1. ¿Dónde están mis hermanos?
2. ¿He salido de los “muros” del confort?
3. ¿Qué postura tengo ante aquellos que llevan “carga pesada”?
4. Luego que “he crecido”, ¿oculto mi origen o lo asumo para el bien de todos?