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¿CÓMO PAGARÉ AL SEÑOR TODO EL BIEN QUE ME HA HECHO?

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LECTURAS DE HOY: 21//23 (Ex 11,10-12,14; Sal 115; Mt 12,1-8)

La pregunta del salmista, “¿cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?” es necesaria y oportuna. Implica tener memoria de lo que Dios ha ido sembrando, tejiendo, obrando en la vida de cada uno. La cuestión nace de la experiencia personal de Dios. Es asunto central de quien siente gratitud por todas las gracias recibidas, los consuelos ofrecidos, las penas perdonadas, la paciencia tenida, los rescates oportunos, las oportunidades renovadas, y el amor demostrado en tanta divina providencia…
 
La pregunta del endeudamiento con Dios, nace de quien se ha detenido a mirar atrás y ha identificado al Señor, en su propia vida, como protagonista de su historia de salvación. En un corazón así, endeudado de amor, no hay espacio para la amargura, sino para bendecir, alabar, reconocer quién ha roto las cadenas y ha fortalecido las alas para volar. Si todavía no ha nacido la pregunta en nuestro interior, es bueno tomarla del salmista y hacérsela; con la respuesta es posible que nazca una nueva persona, con nuevos criterios de ver y situarse en la vida.
 
De la misma manera que el éxodo nos muestra las huellas de Dios conduciendo a su pueblo, así cada uno de nosotros también tenemos o podemos tener experiencia de “éxodo”; o sea, experiencia de salir de nuestras esclavitudes hacia la patria libre, donde Dios desea conducirnos.
 
El bien que Dios nos ha hecho remite a su misericordia. Su misericordia es su centro de amor. Es el motor que le impulsa. Es su vientre de vida. Es su actitud de acoger y custodiar. La misericordia es la bondad de Dios. Es su naturaleza. Es su gratuidad. Es la disponibilidad inmediata para corresponder a nuestro llamado. Es más de lo que esperamos y lo que merecemos. Es su corazón de madre sin dejar de ser padre…
 
Cuando Jesús nos dice: “Si comprendieran lo que significa: quiero misericordia y no sacrificio”, también nos está remitiendo a la memoria de Dios. El Señor no nos pide vivir nada que ya la Santísima Trinidad no nos haya dado. Hemos bebido vida desde las entrañas de Dios, para ahora ser nosotros intolerantes con las carencias y las necesidades de los otros. Si el Señor no ha puesto la burocracia por encima de la gracia, tampoco nosotros podemos aplicarla a los demás que se encuentran, de alguna manera, en situaciones más vulnerables.
 
Señor: gracias por haberme permitido ser testigo de tu amor. Gracias por todo el bien que me has hecho. Aunque no tenga cómo pagarte, quiero bendecirte siempre y hacer el bien a los demás.
 
1. ¿Guardo memoria viva del bien que Dios me ha hecho? 
2. ¿Tengo memoria del bien que me han hecho personas concretas?3
3. ¿Qué actitud nace en mí, ante mí, historia, con tantos favores recibidos? 
4. La misericordia de Dios en mi vida, ¿me compromete a ser misericordioso con los demás?