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LA IMPORTANCIA DEL “NO”.

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LECTURAS DE HOY: 28/7/23
(Ex 20,1-17; Sal 18; Mt 13,18-23).

La primera lectura del Éxodo nos presenta los mandamientos de Dios para su pueblo. Éstos expresan su voluntad a base de negaciones: “… No matarás; no cometerás adulterio…”. Con mucha facilidad se tiende a descartar dichas formulaciones, con la excusa que este método es antiguo y que fue superado por Jesús. Sin embargo, el mismo Jesús no vino a descartar lo antiguo, sino a llevarlo a plenitud.
 
La sana espiritualidad no se sostiene a base de prohibiciones, pero al mismo tiempo, integra el “no” en su itinerario existencial. La persona que sabe decir “no”, no admite medias tintas. Define su postura. Sabe lo que acoge y lo que rechaza. No se deja influenciar. Distingue lo malo de lo bueno. Posee templanza y discernimiento.
 
No se trata del “no” que refleja la rigidez mental. Es el “no” que afianza el objetivo que se busca; sin que nada ni nadie entretenga por el camino. El “no”, no admite confusiones con lo que ha de ser inconfundible. Es triste el resultado de una educación que haya descartado el “no” en su proceso formativo.
 
El “no” carece de sentido y de importancia cuando no se tiene un “sí” fundamental. Ese “sí” a la Palabra del Señor, que es perfecta. Los “no” son los guardianes del “descanso del alma”, “de la alegría del corazón”, de la “voluntad del Señor”. Funciona como candado para darle seguridad y estabilidad a los valores que se derivan del amor y la misericordia.
 
Si es preciso decir “sí” cuando es “sí”; también hay que aprender a decir “no” sin titubeos. Se le dice no al maligno que viene disfrazado de ángel bueno a robarse lo que Jesús ha sembrado en el corazón. Merece un “no” la inconstancia, la pereza, la dejadez que no permite que nuestras raíces se afiancen hondamente en tierra. Se le dice “no” a los perturbadores afanes cotidianos, que pretenden ahogar y dejar estéril la Palabra de Dios en nosotros. El “sí” queda reservado para la “tierra buena”, y todo aquello que la abona, la fecunda y la hace fértil para dar frutos.

Señor, que méi “sí” para ti ocupe mi corazón. Dame un “no” firme, que detenga todo lo que quiera convertirse en ídolos y falsedad en mi vida. Ofrezco un “no” a la mentira, al chisme, a las murmuraciones. Un “no” a la hipocresía, a la superficialidad, a las cosas vanas que intentan seducirme del “sí” que te he reservado. Dame Señor, discernimiento y prudencia para saber cuándo decir “sí”, y cuándo decir “no”.
 
Elige la respuesta según tu experiencia de vida:
 
1. He dicho que “sí”, con la boca, pero con un “no” en el corazón:
 
a) Por no quedar mal.
b) Por dejarme influenciar.
c) Para salir del aprieto.
d) Ninguna de las anteriores.
 

  1. Digo que “no” a los antivalores que me amenazan porque:
     
    a) Respeto la voluntad de Dios.
    b) Para no perder el empleo.
    c) Para no escandalizar.
    d) Por miedo al qué dirán.
     
    3. Decir “sí” a los valores cristianos:
     
    a) Me aburre en monotonía.
    b) Me da paz.
    c) Me da sentido a la vida.
    d) Dos de las anteriores.