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SEÑOR, TÚ ME SONDEAS Y ME CONOCES.

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LECTURAS DE HOY: 30/8/23 (1Ts 2,9-13; Sal 138; Mt 23,27-32).

Hacemos una oración personalizada, con las lecturas de este día, tomando prestadas las palabras de los textos:
 
Señor, tú me sondeas, me escudriñas, me contemplas… Estás y llegas a mi interior. No estoy oculta a tu mirada. Tienes la iniciativa de examinarme con amoroso detenimiento. Te intereso, Señor, y lo sé, porque soy obra tuya. Me siento como un libro en tus manos; un libro amado por el escritor. Mis días son como líneas inspiradas, y al paso de cada página siento tus huellas sobre mí.  
 
No sólo me sondeas, Señor, sino que me conoces. Conoces de mí lo que yo no sé de mí misma. Me revelas quién soy en el silencio de mi existencia. Es un conocimiento que sobrepasa todo entendimiento. Porque el esplendor de tu presencia alcanza el fondo de mis entrañas.
 
Líbrame, Amado Jesús, de la hipocresía. Porque la hipocresía no fue un vicio que se detuvo en los fariseos. Ella llega, como plaga viva, y adhiere a nuestra ignorancia humana. Porque nadie puede ser feliz fingiendo, aparentando, disimulando, escondiendo los propios sentimientos, o duramente criticando aquello con lo que está de acuerdo. Las dos caras pesan como piedra, Señor; que pueda y podamos experimentar, siempre, la frescura de tu verdad.
 
Dame la luz de tu mirada, Señor, para detectar cualquier podredumbre que se quiera formar en mí. No quiero cargar con pus detrás de una linda apariencia. Sáname, Dios mío, y sánanos a cada uno. Coloca el bálsamo de tu misericordia para que mis pecados sean perdonados y pueda servirte de manera sana y auténtica.
 
Te agradezco, Señor, toda la gente buena que has puesto a mi lado, para hacerme crecer y madurar. Que no deje en desperdicio todos sus esfuerzos y fatigas para forjar en mí una servidora de tu Reino. Nadie ha podido avanzar hacia ti de manera aislada. Detrás de cada paso hay muchos rostros y nombres que, como Pablo, fueron suaves y firmes para formar nuestra personalidad cristiana.
 
1. ¿De qué manera la Palabra de Dios me permite conocerme? 
2. ¿Qué cosas necesito cambiar de aquello que conozco de mí? 
3. ¿Por qué el salmista comienza diciendo: “Señor, tú me sondeas y me conoces”, pero concluye su oración, suplicando: “Señor, sondéame y conoce mi corazón”?
4.¿Me ocupo de conocer cada día más del Señor?
5. ¿Por qué el conocimiento de sí, nos permite dar lo mejor de nosotros para la construcción del Reino?

 
Santa Rosa de Lima, ruega por nosotros para que vivamos en santidad. “La santidad es el rostro más bello de la Iglesia”.