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LA DICHA PERFECTA

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LECTURAS DE HOY: 13/9/23 (Col 3,1-11; Sal 144; Lc 6,20-26)

El evangelio nos presenta las bienaventuranzas en la versión de Lucas. La espiritualidad de éstas se descubre, no solo en dicho pasaje, sino que está impregnada en el conjunto de las lecturas, y en la misma figura del santo del día, San Juan Crisóstomo (349-407), apodado Pico de Oro.
 

DICHOSOS LOS POBRES

Pablo nos ayuda a entender la pobreza que lleva a la dicha perfecta. Comienzas a vivirla cuando todo lo consideras basura con tal de ganar a Cristo. Cuando cambias tu manera de pensar, la forma de invertir, a fin de optar por los bienes eternos. Tus aspiraciones giran en torno a quedarte vacío para llenarte de Él. Se trata de una profunda actitud de vida, que implica desapropiación integral. Eres pobre cuando has puesto tu confianza en Dios; y nada de este mundo te gobierna el corazón. Si no tienes recursos, pero el corazón es ambicioso, no está contigo la pobreza del Espíritu. La pobreza es la gracia de saber que eres nada, y que el Señor es tu única riqueza. Desde esta convicción, la virtud de la caridad llega a su máxima expresión. ¿Eres pobre? 

DICHOSOS LOS HAMBRIENTOS

El hambre espiritual nace en ti cuando has vaciado tu interior, de todo lo terreno; de aquello que te ata haciéndote esclavo. El despojo del hombre viejo, y de la mujer vieja, provocan hambre. Se trata de un vacío santo que necesita llenarse. Solo Dios, y su justicia, lo sacian. Brota la necesidad, el deseo, la decisión de revestirse del ser humano nuevo. Tú eres una persona nueva cuando permites que tu vida esté en Cristo, escondida en Dios. El hambre de Dios, el hambre de santidad es dichosa, porque no te será negada. ¿Tienes hambre? 

DICHOSOS LOS QUE LLORAN

Las lágrimas meritorias a los ojos de Dios son aquellas que brotan por las mismas razones que Cristo lloró. Cuando lloras por la ignorancia de los que no creen, por los que están extraviados; cuando lloras con el que sufre…, entonces tus lágrimas son dichosas. ¿Por qué lloras?

DICHOSOS CUANDO LOS ODIEN

Pobreza, hambre, lágrimas, más odio, es síntesis apretada de lo reservado para quien se toma a Dios en serio. Así lo testimonia san Juan Crisóstomo, pastor y eminente predicador. “La oposición de la corte imperial y de los envidiosos lo llevó por dos veces al destierro. Acabado por tantas miserias, murió un día como hoy, del año 407”. ¿Tienes personas contrarias a tu pensamiento?
 
Señor, ay de mí cuando me afane por riquezas, méritos, puestos transitorios, porque estaré buscando consuelo fuera de ti. Ay de mí cuando busque saciarme de elogios, reconocimientos, saberes, apegos… porque siempre quedaré con hambre. Ay de mí cuando ría, porque otros tuvieron su paga; porque haya llegado a un propósito dejando a los demás. Ay, cuando todos hablen bien de mí, porque me habré esforzado por mantenerles contentos, y caerles en gracia, a precio de no saber quién soy, ni lo que tú esperas de mí.