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EL SILENCIO DE LA CRUZ

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LECTURAS DE HOY: 14/9/23 (Nm 21,4b-9; Sal 77; Fil 2,6-11; Jn 3,13-17)

“No hizo alarde de su categoría de Dios”. Esta historia comienza con silencio. Sin perder su condición, Cristo no la pavoneó. Le dio rostro a la humildad. Al contemplar su cruz se calla toda ostentación. La jactancia queda sin fundamento. Si hubo silencio en su nivel divino, a ti y a mí, ¿qué nos pudiera hacer ruido? Si hay algo que te sube, mira la cruz, y la vanagloria se irá sin alborotos.
 
“Se despojó de su rango”. El silencio siguió creciendo. Ahora alcanzó la desapropiación. El Señor se desprendió de su rango. Asumió la condición de esclavo. Pasó desapercibido, como alguien común y corriente; sin perder su identidad. Contemplar su cruz silencia toda exigencia de privilegios. ¿Recuerdas si, alguna vez, reclamaste, basándote en tu rango, porque te desenfocaste de la tarea asignada por Dios?
 
“Se rebajó hasta someterse a la muerte de cruz”. El proceso de bajada fue en aumento, y el de silencio también. Cristo llegó hasta el fondo de los fondos; donde ya no había nada para seguir bajando, ahí permaneció. El tope fue la cruz. Esa santa cruz que, elevada, como la serpiente en el desierto, pudo absorber todo pecado. Es la cruz de la redención. La cruz que nos trajo la salvación. La cruz del silencio santo. Y tú, ¿hasta dónde llegas con Dios? ¿Qué te hace devolver, o decir, hasta aquí llego? ¿Cómo está tu obediencia?
 
“Dios lo levantó”, y le dio un Nombre, ante el cual toda rodilla se dobla. Le devolvió su categoría, su rango, su vida. Cristo nos enseñó el camino de bajada, y los criterios de subida. No nos toca a nosotros, subirnos. El Padre sabe cuándo y en qué momento. Y lo hará cuando tengamos la actitud de crecer para abajo sin cesar. El abajamiento atrae la mirada de Dios. Y el silencio santo se convierte en nido del Espíritu. ¿Para dónde quieres crecer?
 
“Para gloria de Dios Padre”. Al Padre toda gloria. El día que comprendamos el sentido profundo de qué significa respetar la gloria de Dios, la vida nos cambiaría totalmente. Dios reclama la autoría de sus obras. Y, con quien sabe situarse en su lugar, la comparte. No es fácil mantenerse abajo cuando los vientos parecen elevarte. Sin embargo, contemplar la cruz de Cristo nos sana integralmente. Escarba silencio en la adoración de la santa cruz; y descubre en ella el camino de vida resucitada.