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EL SEÑOR CAMBIA TU SUERTE

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LECTURAS DE HOY: 25/9/23 (Es 1,1-6; Sal 125; Lc 8,16-18).

Dice el salmista “cuando el Señor cambió la suerte de Sión, nos parecía soñar: la boca se nos llenaba de risas, la lengua de cantares”. Este poema recoge la experiencia del pueblo de Israel. Un pueblo pequeño, pobre, en el destierro. Aparentemente, sin posibilidades de recuperar su tierra y su templo. No tenía fuerzas; estaba dominado por los poderes políticos. Pero un día, llegó un rey, llamado Ciro, con nuevas luces y estrategias que le permitieron retornar a su lugar. Este acontecimiento fue leído con los ojos de la fe. El Señor permitió retornar a los cautivos.
 
A ti te toca, hoy, ser ese “pueblo fiel”. Ser fiel en el destierro existencial. Por más cerradas que estén las puertas, el sol entra por alguna rendija. Hasta los que no tienen fe verán lo que el Señor hace contigo, y a fuerza de testimonio reconocerán que Él es autor de maravillas. Es la actuación del Señor, y no tu proceder, quien te devolverá el gozo y la alegría.
 
“Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares”. Quizás estás sembrando, en este momento, entre lágrimas. No se te exige que dejes de llorar, lo único que te piden es que sigas sembrando, y seas fiel en el ejercicio. Siembra vida, amor, esperanza, aunque las circunstancias no te favorezcan. Céntrate en la tierra que espera la semilla. Niégate a ti mismo, y siembra responsablemente. El Señor no deja sin recompensa al sembrador humilde. En su misericordia, Él transforma las lágrimas en cantares y las semillas en frutos.
 
Como nos hace meditar el evangelio, es incomprensible que un candil encendido esté tapado con una vasija o medito debajo de una cama. Si eres tú candil encendido y te amenazan estas realidades, recuerda que el Señor cambia tu suerte, tu rumbo, tu realidad. Él te saca, a fuerza de justicia, de los rincones y te pone en el candelero para que todos tengan luz.
 
Señor: cambia tú mi suerte, ya que confío en ti. Camino en fidelidad y cantaré a tu Nombre. Diré, con el salmista, el Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.
 
1.  En este momento de mi vida, ¿qué es lo más consistente, la siembra o la cosecha?   
2. ¿Estoy sembrando entre lágrimas? ¿Estoy cosechando con alegría? 
3. ¿Qué realidades en mi vida, en mi familia, en la sociedad, necesitan la intervención directa de Dios para ser cambiadas?