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¿QUÉ ES ESO QUE CUENTAN DE TI?

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EVANGELIO DE HOY: 10/11/23 (Lc 16,1-8).

Jesús se dirige a sus discípulos, a nosotros, los bautizados comprometidos, con una enseñanza. Un hombre rico tenía un administrador y le llegó la denuncia de que derrochaba sus bienes. Ese hombre rico es la imagen de Dios; tú, el administrador. Él es quien te ha escogido e involucrado para que le sirvas. Dios, en su infinita misericordia y humildad, ha deseado que le colabores. Ha contado contigo; se ha bajado para hacerte subir. Has sido digno de su confianza. En el pasaje, lo que le contaron al Señor del empleado no fue de su agrado. Él mismo decidió llamarlo e interrogarlo.

“¿Qué es eso que me cuentan de ti?”. Esta pregunta es fundamental. En la narrativa no se dice quién cuenta. Deja claro que el Señor se entera de todo lo que acontece y se interesa por lo suyo. Este interés se demuestra cuando le exige: “Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas despedido”. Si en este momento, a ti te tocase hacer un balance de tu gestión, qué reportarías. Tómate un tiempo ante el Santísimo e intenta responder. Examina tu conciencia, y rinde cuenta de lo que el Señor te pide. ¿Qué has hecho de la administración?

Vive tu vocación cristiana como si cada día tuvieses que prestar un balance al Señor, por amor y respeto a Él. Así, desde el amanecer, podrás trabajar en la luz de la verdad para no pasar apuros al momento de rendir cuentas, y no tener que escuchar de sus labios: “quedas despedido”. Cuando el administrador recibe esta noticia se pregunta: “¿Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita el empleo?”.

Y tú, ¿qué vas a hacer? ¿Vas a recapacitar?; ¿serás como ese administrador astuto que continuó echando cálculos sin rasgos de conversión? El empleado decidió ganar amigos con la corrupción, alterando los recibos de interés para el amo, para no pasar vergüenza ni necesidad. Sin embargo, una vez más, el hombre rico se enteró. No le “felicitó” porque estaba haciendo las cosas bien, sino por la astucia con la que había procedido. Dicha astucia lo retuvo en la categoría de “los hijos del mundo”. Pero si tú y yo actuamos con sabiduría, podemos pertenecer a los hijos e hijas de la luz.

Señor, quiero pedirte perdón si alguna vez he utilizado la inteligencia que me diste para echar cálculos baratos y no para buscar la manera de extender tu Reino. Perdón, Señor, si en alguna ocasión he derrochado tus bienes, he sacado provecho propio de los talentos que me has dado. Hoy quiero darte cuenta de mi vida y mi servicio antes de que me lo pidas. Con humildad, Señor, me dispongo ante ti para decirte que no quiero ser astuto, sino sabio, al amparo de tu misericordia. Rescátame, Señor, de mi propia vergüenza. Gracias, porque me das la oportunidad de llenar nuevamente tus recibos. Quiero y necesito serte fiel. Ya verás cómo las cosas que te cuenten de mí, te despertarán una sonrisa.

🙌 Seguimos unidos en oración por la paz del mundo y por el fin de las guerras. Que pare la guerra en las naciones, en nuestra sociedad, en nuestras familias, en nosotros mismos. Que la misericordia del Señor venga hasta nosotros, como la esperamos.