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¿ESTÁS HACIENDO LO QUE TE HAN MANDADO?

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EVANGELIO DE HOY: 14/11/23 (Lc 17,7-10).

El Señor nos pone la comparación de un criado que trabaja, durante el día, como un labrador o un pastor. Al llegar a casa, habiendo hecho lo mandado, no le toca sentarse, sino hacer otra función, servir a la mesa del amo, y comer de último. Al final de toda la jornada, recibe el cargo más grande ofrecido por el mismo Señor, “pobre siervo”.

Este mensaje es para ti, que has sido fiel al Señor desde la juventud. A ti, que no entras en moda, que no te dejas arrastrar por la fuerte corriente del río, sino que te mantienes como árbol de fuerte raíz en las cosas de Dios.

Te habla, el Señor, a ti, que en silencio vas gastando tu vida, sin importar que te critiquen, que se burlen, que te persigan. Has empleado tu tiempo con integridad, yendo y viniendo, recogiéndole los hijos a Dios. Te has preocupado para que la comunidad no se disperse y se mantenga unida. Has invertido tu propio sustento a favor de la evangelización. Te desvives por dar, a su hora, el alimento espiritual; y, como si fuera poco, mantienes la lámpara de la oración con aceite nuevo.

Tú, que has sabido llegar de una jornada con excelentes resultados pastorales, y luego tienes que sentarte para escuchar a quienes buscan consuelo; e incluso, teniendo hambre, has tenido que disponerte a dar de comer a los pobres. Tú que no has tomado un peso más de lo necesario para manejarte en la misión, porque has sido honesto con los presupuestos. A ti, que se te pasa el chance de cuidarte, porque siempre estás cuidando de los demás.

Este mensaje es para ti, que sigues trabajando después del cansancio. Que se te han hinchado las manos y los pies de tanto servir. A ti que eres totalmente desapegado a las cosas materiales, que das todo lo que tienes y que vives lleno de Dios. Tú que llevas a Dios a todas partes, haciéndolo visible, que siempre tienes su nombre en sus labios, y la vida de los santos en el corazón.

El Señor te dice hoy, que no esperes a que te lo agradezcan. El único que tienes que agradecer eres tú mismo, porque el Señor te ha permitido ser un criado sin importancia. Bájate de todas las pretensiones. No hagas memoria de tu currículo pastoral. Quédate en silencio y sigue trabajando fielmente. Dichoso serás si al visitarte la muerte, te encuentra el Señor sirviendo sin esperar nada. Ten ese corazón vacío y despojado. Que el motivo de tu felicidad sea estar haciendo lo que te mandaron hacer. Eso te toca a ti. Al Señor le toca, en su infinita misericordia, considerar qué hacer con un criado que le ha hecho sumamente feliz.

Señor, como el salmista, deseo bendecirte en todo momento, que tu alabanza esté siempre en mi boca. Que servirte en silencio sea el recreo de mi alma y, mi descanso, volver a comenzar la jornada. Hazme bajar hasta el fondo, enséñame a valorar la pobreza que soy, porque tú la has mirado. Esa es mi paga, amado Señor, mi paga es que me has elegido para gastarme por ti.

  1. ¿Tú estás sirviendo al Señor para qué? ¿Qué andas buscando?
  2. ¿Te sientes mal si no te felicitan ni te reconocen lo bien que haces las cosas?
  3. ¿Llevas la lista de todas las cosas buenas que has hecho? ¿A quién se la vas a presentar? ¿Qué vas a reclamar?