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LA MALDAD SALE DE LOS MALOS

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MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS DE HOY: 19/1/24 (1Sam 24,3-21; Sal 56; Mc 3,13-19).

“La maldad sale de los malos”, es el refrán que citó David al rey Saúl; cuando quiso demostrarle que tuvo la oportunidad de quitarle la vida, vengarse, y no lo hizo. Con esto, David mostró su intención profunda de no hacerle daño, y sobre todo, su respeto al ungido del Señor. Este hecho se convierte en un punto de partida para nosotros reflexionar ¿qué está saliendo de nosotros? ¿Qué vamos sembrando por los caminos?

El corazón humano puede ser comparado a un terreno interior, el cual hay que desyerbar con frecuencia. En una sociedad acelerada donde todo nos empuja a mirarnos por fuera, la Palabra nos invita hoy a mirarnos por dentro. Uno tiene que saber qué extraño ha permitido entrar, no vaya a ser que crezca sin control y se expanda.

Haciendo memoria de la Virgen María, ella nos da el secreto para que nunca nos salga maldad, sino la bondad con la que el Señor nos ha soñado. La Madre supo escoger las cosas a conservar en su interior. Conserva bondad y darás bondad. Preserva dentro de ti aquello que hace bien, que sana las relaciones interpersonales, y alimenta para servir al Reino. Destierra, contrariamente, los pensamientos negativos, las imágenes dañinas, los recuerdos estériles, las pretensiones vanas… y todo aquello que amenace en convertirte en persona desconocida hasta por ti misma.

A partir del evangelio de hoy, nos preguntamos ¿qué sale de Jesús? De Jesús sale lo único que lleva dentro: hacer la voluntad del Padre. Ahí lo contemplamos, centrado en su misión, subiendo a la montaña, reuniendo a sus discípulos, formándolos compañeros, amigos, para enviarlos a predicar y a expulsar lo dañino que pueda tocar al ser humano. De los discípulos, a su vez, sale la experiencia íntima con el Señor, que no se improvisa. La Palabra de Jesús en sus corazones es la podadera con la que van a limpiar los jardines interiores.

Señor, como el salmista te digo: “misericordia, que mi alma se refugia en ti”. Te pido que me sostengas en tu gracia. Perdón por las veces que no he sido lo que esperabas de mí. Dame la disposición de arrancar las pequeñas malezas que tienden a expandirse si se las deja; son plaga que sofoca la buena semilla. Que no me gobierne la maldad que en ocasiones me lastima, sino la bondad con la que tú sostienes mi vida. Quiero aprovechar el tiempo para esparcir el bien. Suple con tu amor mis carencias, Señor de la misericordia.

Pregúntate en tu interior:

  1. ¿Tú estás satisfecho o satisfecha con las cosas que guardas en tu interior?
  2. ¿Por qué las cosas que salen de ti te permiten conocerte?
  3. ¿Tú podrías ponerle nombre a algunas hierbas que necesitan ser extirpadas de tu corazón?
  4. ¿Cuándo tienes la oportunidad de vengarte, qué decides hacer?
  5. ¿Por qué el perdón favorece la conversión de quien lo recibe?
  6. ¿Cuál es la diferencia entre “tener defectos” y “tener maldad”?
  7. En el evangelio de cada día, contempla al Señor transformando el interior de sus discípulos. Intenta, con ellos, hacer este camino. Que de ti salga solo aquello que el Señor ha dejado en ti.