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«… como perdonamos a los que nos ofenden» setenta veces siete

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El capítulo 18 de San Mateo comienza con la cuestionante de los discípulos de Jesús :” ¿Quién es, pues, el mayor en el Reino de los Cielos?” y dentro de las respuestas a esa pregunta encontramos lo siguiente:

  • Hacerse como niños para entrar en el Reino
  • El que recibe a un niño, lo recibe a él
  • Ay del mundo por los escándalos
  • Si tu mano te es ocasión de pecado córtatelo
  • El pastor deja las 99 en el redil para buscar la perdida.
  • Si tu hermano peca, repréndele, si te escucha habrás ganado a tu hermano
  • Todo lo que aten en la tierra quedará atado y lo que desaten desatado
  • Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo.

Todo eso lo escuchó Pedro que entonces pregunta: “Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?

Pensaba seguro que esta fue una “santa pregunta” porque no es fácil perdonar una sola vez, dos veces sería muy fuerte, tres veces sería alguien santo, ¿pero siete veces? Quizá incluso los demás apóstoles hasta se sorprenderían del deseo de perdonar de Pedro.

En Lucas 17,4 Jesús les dijo: “Y si peca contra ti siete veces al día, y siete veces se vuelve a ti diciendo: “Me arrepiento”, le perdonarás.” A lo mejor por esa razón Pedro lanza la pregunta porque ya el Maestro lo había dicho antes. Sin embargo en esta ocasión el Señor perfecciona el perdón dejando a Pedro muy corto al decirle: “no solo siete veces, sino hasta setenta veces siete”.

Pedro incluye «perdonar a su hermano», pero el Señor además de las «setenta veces siete» le enseñó que el perdón además llega más allá de los hermanos, debe llegar a los enemigos, a los que te desean el mal y lo que te «quitan lo que es tuyo», extendiendo los límites del perdón no solo en cuantas veces, sino a quien perdonar.

¿Porqué el 70 y el 7 ?

Tanto el numero 7, como el 70 aparece varias veces en las sagradas escrituras. Buscando en los diccionarios teológicos nos encontramos con estos datos:

El 7 se cita en la Biblia de Jerusalén 415 veces. Como que es el número favorito de Dios, en el Tabernáculo, el candelero (la Menorah) tenía 7 brazos, y mucho más, En Apocalipsis 7 copas, 7 sellos, 7 trompetas, etc. No es el más mencionado, pero si el más notorio por su amplio simbolismo. En Apocalipsis es mencionado 54 veces, es el libro de los sietes: 7 Iglesias, 7 candeleros, 7 estrellas, 7 Espíritus de Dios, 7 sellos, 7 ángeles, etc.

El 7 designa tradicionalmente una serie completa: 7 aspersiones con la sangre , inmolación de 7 animales. Se aplica fácilmente a objetos sacrosantos: los 7 ángeles de Tobias ; los 7 ojos sobre la piedra en Zac 3,9. Es sobre todo el número de los días de la semana y caracteriza al sábado, día santo por excelencia. De ahí las especulaciones apocalípticas de Daniel 9  donde las 70 semanas de años (10 jubileos de 7 veces siete años) rematan en el día de la salvación, independientemente de toda cronología real.

es esta profesía del profeta Daniel que a lo mejor el Señor tenía en mente, como buen conocedor de los rollos proféticos: Daniel 9, 24: “Setenta semanas están fijadas sobre tu pueblo y tu ciudad santa para poner fin a la rebeldía, para sellar los pecados, para expiar la culpa, para instaurar justicia eterna, para sellar visión y profecía, para ungir el santo de los santos.

Enseñanza a los discípulos

Pedro que le tocaría guiar la nueva travesía que el Señor le encomendó, tenía que aprender hasta donde llega el perdón. Cristo lo fue preparando, enseñándole a “desatar” aquí en la tierra los pecados de quienes escucharíamos la predicación y que llegaríamos cargados de males y pecados.

Y para que eso se entendiera bien, lo hizo al extremo en la cruz, en el momento donde no había ningún apóstol, excepto Juan que estaba destinado al cuidado de su madre. En ese momento realizó el acto de perdón más grande, perdonar a sus verdugos.

Ya al principio de su predicación los Apóstoles, cuando le pidieron que les enseñara a orar él les había dado la clave perfecta: “… perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.

En la aparición de Juan 20, 22 les dio el poder para perdonar en su nombre: “Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. 23 A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»

Al marcharse también les dijo cuál era su misión principal como cita el no 977 del catecismo católico: «

Nuestro Señor vinculó el perdón de los pecados a la fe y al Bautismo: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará». El Bautismo es el primero y principal sacramento del perdón de los pecados porque nos une a Cristo muerto por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación, a fin de que «vivamos también una vida nueva».

Buscando la etimología entendemos mejor toda la enseñanza del Maestro, porque perdonar viene del latín “per donare”. Per (indica acción completa y total) y donare (regalar) asociada con regalo, ofrenda. Es curioso que en ingles perdonar es forgiveness y significa para dar o regalar. El origen del verbo perdonar significaba: “regalar definitivamente un acreedor al deudor aquello que le debía”

Muchas veces queremos vivir un cristianismo sin perdón y sin entrega. Estamos llamados a imitar a Cristo, por eso nos llamamos “cristianos”. Pero no un “perdonsito”, no es un “olvidar”. La muestra nos la dio al final cuando perdió hasta la última gota de sangre y agua, por amor a los pecadores.

Es cierto que humanamente perdonar es difícil, doloroso, pero cuando logramos hacerlo, saca nuestros demonios, nos calma nuestras preocupaciones, nos hace ganar el cielo y se perdonan nuestros pecados.

Ahora entendemos que toda la “deuda de Adán” que llevamos son perdonadas por el Señor y nos llama a hacer lo mismo.

El Evangelio del domingo XXIV del Tiempo Ordinario luego de presentar el caso de dos siervos que le debían dinero a sus amos y que uno perdonó al que más debía y ése no hizo lo mismo, termina expresando el Señor duramente: «34 Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía. 35 Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano«.

Queda claro que perdonar es más que olvidar, es la manifestación del amor cristiano verdadero. El «setenta veces siete» aunque matemáticamente da 490, en este caso es perdonar siempre, como lo hizo Jesucristo. Esa al menos debe ser nuestra intención.

La Iglesia lo entendió claro y por eso lo vivimos a nivel sacramental cuando por fe creemos en las palabras del sacerdote: «yo te perdono y te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo«, y como dijo a la Samaritana nos dice también a nosotros: «vete y no peques más«.

Entiendo al Papa Francisco cuando nos aconseja tres palabras sencillas para vivir la fe cada día ante los demás: “por favor, gracias y perdón”

El ministerio de música católica Alfareros le puso música a este pasaje para que podamos cantar este pedido que el Señor nos hizo con esta canción «setenta veces siete» y que lleva además como nombre de su más reciente álbum musical.

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